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Monografías sobre eutanasia

EUTANASIA | BIOÉTICA | TRANSPLANTE DE ÓRGANOS
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Acerca de la eutanasia.
Las ganas de morir.
Sergio Boffelli.

¿Quién hubiera pensado que en el Tercer Milenio, era de conocimiento y tecnología, conciencia ecológica y defensa de los derechos humanos, sería necesario denunciar a todo pulmón que poderosos gobiernos, organismos internacionales e imperios económicos mundiales han decidido que los hijos no nos permiten “vivir mejor” y que es mejor matarlos con cautelosas medidas sanitarias? ; ¿que promover y proteger la unión entre homosexuales y lesbianas es justo y democrático?; ¿que los enfermos ocasionan grandes pérdidas de dinero y tiempo?; ¿que los ancianos son un estorbo y que el cristianismo es refugio de ignorantes y débiles que viven una vida alimentada por tabúes y prejuicios?

La más reciente señal de irracionalidad colectiva ha despuntado en Holanda para extenderse al mundo: Suicidarse es un derecho; y el Estado lo defiende, lo promueve y de ser necesario lo financia, pues la muerte sin dolor (?) está disponible también para los pobres. Y una muchedumbre, apasionada y aturdida por una grotesca campaña que ocupa los medios de comunicación, ve en esto una moda excitante y la excusa apropiada para hacer lo que venga en gana. La avalancha de deshumanización como nube negra invade las conciencias casa por casa.

La eutanasia es la evidencia de un mundo que ha decidido rendirse porque no encuentra sentido a la vida. Porque ha perdido toda esperanza. Porque hablar de Dios, de eternidad, de arrepentimiento, de redención... le asusta e incomoda y prefiere cerrar los ojos y morir, creyendo así que todo ha terminado.

Pero la simple verdad es que nos hemos olvidado de Dios o se ha preferido pasar a Dios por una “reingeniería” y reciclarlo a conveniencia. El Dios de la vida ya no representa mucho porque se prefiere vivir una vida contraria a la que fuimos diseñados. Y le tenemos miedo al dolor porque no le encontramos justificación ni propósito. Y le tenemos miedo a la verdad porque exige la valentía de carearnos y optar por ella. El miedo a la verdad lleva a abrazar la muerte. Es el miedo a haber equivocado la vida. El miedo a la nada, al vacío terrible de no conocer ni esperar en el Creador. De pronto hemos creído absurdamente que la ciencia y la tecnología todo lo pueden.

Quizás algunos prefieran elaborados argumentos sobre estos temas. Pero en mi opinión difícilmente alguien será convencido, ni a favor ni en contra, por medio de artículos ni conferencias sofisticadas. Porque algunos han ganado elocuencia pero muchos han perdido la capacidad de discernir. Lo rápido y lo fácil van ganando la batalla. La humanidad siente lástima de sí misma y tiene ganas de morir. Pero es cobarde y pretende morir cómodamente. Es un asunto que trasciende. Una enfermedad que tiene que ver con la miopía que ata y entorpece descubrir a Dios, el único capaz de hacer que el dolor y la muerte sean un glorioso instrumento de redención, porque descubrir el valor de la vida y su propósito solamente puede ser posible cuando conocemos al Señor de la Vida. ¿Hasta dónde llegarán las ganas de morir? No lo sé. Pero ciertamente la humanidad tiene una capacidad limitada para soportar la brutal deshumanización que ella misma se impone. Y quizás eventualmente decida rebelarse contra ella, y reencuentre su dignidad buscando a Dios en Dios.

boffelli@netport.com.ni

¡Luchemos contra la eutanasia y en defensa de toda vida humana!

 


 

El 12 de diciembre el Dr. Alfonso Rueda dirigió esta carta al director del periódico El tiempo de Bogotá, Enrique Santos Calderón.

Estimado Señor:

En el Editorial de El Tiempo del pasado 2 de noviembre, destinado a "formar opinión", el autor pone la suya sobre la eutanasia, apoyado en datos completamente errados.

En primer lugar, la Iglesia Católica enseña y orienta según la verdad; no impone sus principios. Estos tienen como fin, hacer que el hombre, individual y colectivamente, pueda alcanzar la felicidad verdadera.

Además, es elemental que la ley no pueda apartarse de la moral, porque en tal caso no obliga su cumplimiento. Nunca la autoridad del Estado puede pasar por encima de la conciencia de los ciudadanos.

Hay que saber que la Iglesia no aprueba el tratamiento a enfermos terminales sin ninguna esperanza, sólo para prolongar la vida. Además, preconiza el uso de analgésicos y sedantes en la dosis que sea necesaria para aliviar al paciente, aunque pueda acortar eventualmente su vida.

La libertad fue dada al hombre para que, conociendo por su inteligencia la verdad y el bien, pueda tomar por ellos una decisión propia. Por supuesto que puede hacer mal uso de esa libertad siguiendo un mito, en perjuicio de sí mismo o de otro. "La verdad os hará libres", dijo Jesús.

El mito de la eutanasia es creer que usted o yo, o cualquier otro ser humano, tenemos derecho o capacidad para juzgar que la vida de otra persona o la nuestra no merece ser vivida.

¿Qué se entiende por "calidad de vida" ? Para muchos significa bienestar, comodidad. Es bien sabido que los grandes hombres y sus obras se han caracterizado por la renuncia a la comodidad. Para otros, el poder y el placer son los determinantes de la calidad de vida. Así que si alguien pierde sus bienes materiales, o si nunca los ha tenido, no tiene ese requisito que le justifique vivir. ¿Según esto, cuántos seres humanos merecerían quedar sobre la tierra ? ¿Y además, capaces de hacer qué ?

¿Qué es "morir dignamente" ? Por lo general, se entiende que morir con un mínimo de sufrimiento (en el caso de un enfermo inconsciente, se trata del sufrimiento de sus familiares). No se tienen en cuenta los recursos de la medicina paliativa, hoy muy eficaces. Pero sobre todo, a nadie le quita dignidad y sufrimiento. Primordialmente, afrontar la realidad de la muerte inminente es algo que revela la dignidad de un hombre, no lo contrario.

Este mito de la calidad de vida dio origen al Programa Alemán de Eutanasia, lanzado y ejecutado sobre esa base por los siquiatras más prestigiosos de Alemania, aplicado primero a enfermos mentales, discapacitados, ancianos, etc., y luego extendido a judíos, a los prisioneros políticos o de guerra, quienes, según el mismo mito, tampoco merecían vivir. Los autores del Holocausto, sometidos a juicio en Nuremberg, alegaron en su defensa que habían sido motivados "por compasión". Hitler no se atrevió a promulgar una ley contra la eutanasia. Fue suficiente una autorización solapada a través de su médico personal.

También en Holanda se ha venido aplicando la eutanasia desde hace muchos años, antes de que la ley lo aprobara, con base en varios fallos judiciales. Es cierto que habían sido promulgados diez requisitos para la "muerte por piedad". Pero, aprobado el acto de eutanasia en sí, los requisitos son vistos como de menos importancia. No se cumplen en la mayoría de los casos. El primero, que consiste en un informe a la autoridad estatal, resulta engorroso para el médico y se puede eludir acomodando el diagnóstico como "muerte natural". El segundo, el consentimiento del enfermo, es muy relativo. Una alta proporción de enfermos graves no están en condiciones de tomar una decisión, aunque algunos de ellos pueda dar un "sí". En muchos casos, el consentimiento es inducido por los familiares, haciéndole sentir que se ha convertido en una carga muy pesada. Así, la "libertad de morir dignamente", se vuelve la obligación de morir aprisa.

La situación en Holanda es tal, que se ha constituido una asociación de personas mayores de 60 años para proteger al que ingresa a un hospital, de una eutanasia inconsulta. Esto puede no ser muy eficaz, ya que hay casos que requieren toda la capacidad, iniciativa, interés y tesón del médico o médicos, lo cual difícilmente se encuentra en médicos que piensen que el paciente ya vivió bastante, o que es demasiado costoso el tratamiento, o que su "calidad de vida" no amerita el esfuerzo. Es demasiado fácil para un médico hacer morir a su paciente, sin ser advertido.

Alfonso Rueda, Médico M.D.

 


 

Un tetrapléjico destaca la importancia del entorno familiar para querer vivir
Luis de Moya habló en la Universidad de Navarra de la eutanasia: "Habría sido más económico y cómodo dejarme morir"

"Con cierta mentalidad holandesa -la de los que han hecho posible la legalización de la eutanasia- yo habría muerto ya sin duda. Mejor dicho, me habrían dejado morir. Porque ahí estaban los medios técnicos y humanos para emplearse en situaciones como la mía. Habría sido, desde luego, más sencillo, más económico y, sobre todo, mucho más cómodo para los demás dejarme morir". Así lo señaló Luis de Moya, sacerdote tetrapléjico que esta semana participó en una jornada dedicada al voluntariado con personas mayores, organizada por el Vicerrectorado de Alumnos de la Universidad de Navarra.

"Por fortuna para mí -señaló-, en el ambiente hospitalario y familiar en que me desenvuelvo se considera que hay que hacer por un enfermo todo lo que sea razonable para mantenerlo con vida. Posiblemente, la gran carencia que acusan los que pierden la ilusión por vivir sea de compañía, de solidaridad en momentos de angustia y de miedo, de falta de sentido de una existencia -la propia- que juzgan equivocadamente inútil sin nadie que les haga ver el inapreciable valor y de trascendencia de ser persona".

Luis de Moya considera que "con la reciente legalización de la eutanasia en Holanda, únicamente se ha dado estatuto jurídico a una práctica ya conocida y bastante difundida. Los partidarios de la eutanasia se sentirán liberados para ejercerla más ampliamente según su criterio. De hecho, en la mayoría de los casos las condiciones para la legalidad son muy opinables y arbitrarias, también si son varios los médicos que opinan lo mismo: si un enfermo es terminal, incurable o su dolor resulta insufrible. Por no tratar de lo imposible que es probar, una vez muerto, la libertad que tenía el paciente".

"No se puede conceder el derecho a quitar la vida"

Este tetrapléjico aclaró que "la pretendida libertad individual con la que se quiere garantizar la voluntad del enfermo no es, ni mucho menos, un valor que deba ser salvaguardado en toda persona. Si así fuera, habría que tolerar la conducta de todos los delincuentes, si actúan en libertad. Más bien, convendrá fijarse ante todo en el contenido concreto de lo que se permite o se prohíbe con la norma legal".

"La legislación en general pretende ajustar las conductas individuales, rebeldes en ocasiones, a unos criterios objetivamente rectos para el individuo y para la sociedad", dijo. "Y como de lo que se trata con la eutanasia es de matar a una persona, no parece que se pueda consentir con la petición, tampoco del propio interesado. Aunque el que va a morir pida su muerte, alguien le mata y no se puede conceder el derecho a quitar la vida".

Según este sacerdote, "no somos cosas que cuando no interesan se desechan, como hacemos con un coche que no compensa mantener porque produce más gastos que servicios. El hombre está renunciando a su propia dignidad y grandeza cuando se cosifica a sí mismo: se autoconvierte por la legislación en un producto, en algo que se hace cuando interesa y, si no interesa, se deshace. Muy distinto es ayudar verdaderamente a morir, que no matar, procurando todo el bien posible para el individuo en sus momentos últimos: tratando su dolor, su soledad, su abatimiento, etc. Ciertamente, es algo más costoso que una inyección letal, pero más digno y honroso para la persona".

Para Luis de Moya, el hecho de que bastantes enfermos holandeses prefieran ser tratados de sus dolencias en otros países por el temor a que se les aplique un fármaco letal sin su consentimiento indica lo habitual que venía siendo ya la práctica eutanásica en este país. "Naturalmente, cada vez pesan más los motivos económicos -aunque no sólo esos- pues, como se ha dicho más de una vez, algunas personas ya no producen y resultan más baratas muertas que vivas. Confiemos en que nunca se nos valore con criterios de mera utilidad".

 

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